Agricultura para enfriar el planeta

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Entidades murcianas se alían para hallar cultivos que sigan alimentando al mundo y garanticen el sustento del campo pese al cambio climático

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Del libro ‘Cultivos promisorios para enfriar el clima y alimentar al mundo‘ surge la idea de armar este proyecto, explica José María Egea, catedrático de Botánica de la Universidad de Murcia (UMU) y uno de sus autores, sobre el Observatorio de Innovación Agroecológica para el Cambio Climático. Una propuesta innovadora, financiada con fondos Feader y la Consejería de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Región dentro del Programa Regional de Desarrollo Rural, que se acaba de poner en marcha con el objetivo de «afrontar, y ya, el que probablemente es el mayor reto del siglo XXI: el cambio climático y cómo adaptar el sistema agroalimentario a sus consecuencias en una región subárida como la nuestra, donde el agua cada vez va a ser más escasa y más prohibitiva para la agricultura, y la desertificación y la salinidad del suelo hacen cada vez menos viable el actual sistema agroalimentario», resume Egea.

Y añade, coincidiendo con Domingo Jiménez Beltrán, exdirector de la Agencia Europea del Medio Ambiente y socio fundador de Castillo de Chuecos, que a este problema se une la excesiva dependencia de la producción agrícola regional del agua, «lo que va a suponer un problema grave, en las próximas décadas, en comarcas como el Campo de Cartagena, el Valle del Guadalentín y las pedanías altas de Lorca». Una situación que, sin duda, obliga a «buscar nuevos modelos para afrontarlo».

Basándose en las recomendaciones de científicos y especialistas en diferentes congresos internacionales, «como el promovido por la FAO en 2012 en Córdoba y que contó con la participación de ministerios, Fundación Biodiversidad, CSIC e INIA, además de otros organismos internacionales, para afrontar los retos ambientales y alimentarios del siglo XXI: hay que recurrir a cultivos infrautilizados y obsoletos, sobre todo secanos tradicionales como higueras, algarrobos, granados, palmeras datileras, moreras,…; variedades antiguas de frutales que se han ido adaptando a nuestras condiciones agroclimáticas, necesitan menos insumos y menos agua, pero que se han ido sustituyendo por variedades comerciales y ahora están en peligro de extinción, como melocotoneros, perales, almendros, olivos, manzanos y albaricoqueros; e ir a nuevos cultivos, pero no transgénicos ni variedades muy productivas, sino cultivos ancestrales procedentes de otras regiones biogeográficas adaptados a condiciones extremas de sequía, temperatura y salinidad, como el mijo de la región subsahariana, el aloe vera y el argán de procedencia africana, la quinoa y el amaranto de las regiones andinas, la jojoba de los desiertos meridionales de Norteamérica o la moringa de origen asiático», va detallando José María Egea.

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