La citricultura: ¿de una forma de vida a un negocio?

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La reciente desconvocatoria de la huelga de ‘collidors’ ha supuesto un alivio para una campaña complicada, aunque mucho habría que hablar sobre la recogida de la fruta en el campo.

naranjas

Como me decía mi padre hace bastantes años, cada campaña citrícola es un cajón de sastre cuyo contenido no se conoce de antemano. También se decía, y sigue siendo válido, que el agricultor citrícola estaba siempre mirando al cielo y al termómetro: al cielo por las tormentas y, además de la lluvia (como en el pasado diciembre) por el pedrisco, y al termómetro por si bajaba de cero grados. El seguro agrario apenas se contrataba.

Y como resultado de todo, una frase maldita pero que ayudaba: “A l’any que vé, Deu proveïrà”. Hoy apenas confiamos en el futuro y decimos: “A l’any que vé, pitjor”. O sencillamente, abandonamos el cultivo.

Poco hemos mejorado en cuanto a la problemática sobre el sector agrario de la Comunitat Valenciana en los últimos treinta y dos años. Y como muestra, un botón.

En 1984 se celebró el Primer Congrés d’Economía Valenciana en Valencia y en la ponencia que presenté sobre la problemática del sector agrario, señalaba que existía una excesiva parcelación y minifundismo, elevados costes de producción, un fuerte individualismo, resignación y mentalidad fatalista, elevado minifundismo en la comercialización interior y exterior, envejecimiento creciente de la población agraria y escaso peso del agricultor joven, escasez de empresarios que tengan la agricultura como ocupación principal.

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