«La agricultura cada vez entiende menos de sexos»

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Con 20 años, esta joven agricultora trabaja en la explotación familiar junto con su padre

 

Obando. Rocío Sánchez Parralejo es una joven de 20 años, natural de Obando, pedanía de Navalvillar de Pela, que tras realizar el Grado Medio de Producción Agroecológica y el Grado Superior de Paisajismo y Medio Rural en el Centro de Formación de Medio Rural de Don Benito, ha decidido dar el salto a la agricultura.

-¿Cómo llegó a la agricultura?
-Pertenezco a una familia de agricultores. Tanto mi padre, como mis tíos y mi abuelo han trabajado toda la vida juntos. De hecho, mi padre continúa y el resto ya se han jubilado, pero no hay día que no den una vuelta a las tierras. Ellos se han encargado de inculcarme los valores del campo y quienes han dedicado su tiempo en enseñarme. Todos ellos han sido los responsables de que naciera en mí un interés por la agricultura.

«Es sacrificado, pero no cambiaría mi trabajo en el campo por ninguno del mundo»

-¿Lleva mucha superficie?
-Nuestra pequeña empresa la llevamos entre mi padre, un trabajador y yo, que hace muy poco me incorporé como joven agricultora. Cultivamos arroz, maíz, olivar y algo de secano.

-¿Es sacrificada esta profesión?
Toda profesión es, de una manera u otra, sacrificada, porque todo trabajo conlleva mucha responsabilidad y en todos ellos hay que estar siempre al pie del cañón para dar lo mejor de uno mismo. Sin embargo, si te gusta lo que haces y disfrutas con ello tiene más peso los buenos momentos que aquellos que son algo más amargos. En mi caso, la agricultura es una profesión en la que tienes que estar activo los 365 días del año y, en ese sentido, si es algo sacrificado porque tienes que estar siempre operativo. Además, tienes que estar pendiente de factores externos como la meteorología, que en más de una ocasión interrumpe tu trabajo. Sin embargo, el hecho de estar en contacto directo con la naturaleza, la diversidad de tareas que realizas, la gente que conoces y, en mi caso, trabajar mano a mano con mi padre, recompensa cualquier sacrificio. No cambiaría mi trabajo en el campo por ninguno del mundo.

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