Agricultura ecológica con valor social

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Un recorrido por el Centro La Jara, una parcela de 4.000 metros cuadrados que Cáritas ha reconvertido en huertos donde desarrolla un proyecto de formación e inserción laboral para personas en riesgo de exclusión

Alrededor de 4.000 metros cuadrados de un terreno baldío hasta hace muy pocos años, que en su día perteneció a la azucarera de Guadalcacín, se han convertido ahora de la mano de Cáritas Diocesana en el Centro Agroecológico La Jara, ‘reinaugurado’ el viernes después de que problemas con el agua provocase la pérdida de muchos de los cultivos. Dotado ya con un pozo y prácticamente recuperado Cáritas mostró el centro a representantes de empresas colaboradoras y de otras entidades, que quedaron sorprendidos por este proyecto de economía social en el que Cáritas decidió embarcarse en 2014. Desde entonces el centro de agricultura ecológica ha servido para formar en esta materia a personas en riesgo de exclusión social y propiciar posteriormente bien el autoempleo o la consecución de contratos por cuenta ajena. Isaías Mariscal y María del Mar Gil, técnico y voluntaria de Cáritas en este proyecto, hicieron de cicerones por un centro en el que ya se han realizado cuatro cursos de formación en los que han participado unas 60 personas. Los resultados ya están ahí y del equipo del primer curso que se impartió en 2014, según explicaron, surgió la cooperativa ‘La Yerbabuena’, dedicada también a los cultivos ecológicos en una parcela arrendada camino de Nueva Jarilla y que ya comercializa a pequeña escala sus productos. Además, otro participante de los cursos ha encontrado una salida laboral con el autoempleo, explotando una parcela familiar con cultivos de plantas medicinales.

El centro La Jara está situado muy cerca de los huertos de Madre Coraje, a cuyo alma máter, Antonio Gómez, agradeció el director de Cáritas, Francisco Domouso, su implicación, ya que al igual que los terrenos de Madre Coraje fueron cedidos por Ebro Foods y cuando se pensó en una ampliación Gómez se la ofreció a Cáritas. «Nosotros estábamos entonces ya buscando una parcela y nos pareció el momento óptimo para iniciar el proyecto. Conjugamos de esta forma la búsqueda de una salida profesional para personas en exclusión social con la filosofía de la conservación y el cuidado de la tierra», indicó Domouso.

El centro forma parte ya de la red de agricultores ecológicos de la provincia y aspira también a convertirse en el primer semillero de productos ecológicos en la provincia. «Poco a poco – mantiene el director de Cáritas-Todo esto tiene que ir a más, puede ser una alternativa para crear empleo pero no queremos embarcarnos en algo que nos supere, hay que ir paso a paso para que sea una realidad viable».

La parcela está distribuida en varios espacios donde se cultivan desde hortalizas, plantas medicinales hasta las que a su vez curan a otras plantas, con lo que se evita la compra de productos para combatir las plagas. También se han realizado algunas bioconstrucciones, reciclando todo tipo de materiales como ruedas de bicicleta, que también adornan en forma de arcos los pasillos del terreno, o neumáticos.

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